[Cine] Beasts of No Nation

Crítica de la película Beasts of No Nation de Cary Fukunaga

Sinopsis de Beasts of No Nation

La película narra la historia de Agu, un joven africano que ve su vida cambiar drásticamente cuando unos soldados matan a su familia delante de él y es capturado por unos soldados rebeldes lleno de niños y jóvenes adultos bajo la orden de Commandant. Ese último hará de Agu un soldado más para su causa y veremos a lo largo de las dos horas cómo ese joven y alegre Agu pasa a ser un joven hombre con una arma de fuego en la mano en una guerra en algún país de África.

Ficha técnica

Fecha de estreno : 20 de octubre 2015 (Netflix España)
Duración: 2 horas y 17 minutos
Presupuesto: 6 millones de $
Director: Cary Joji Fukunaga
Reparto: Idris Elba (Commandant), Abraham Attah (Agu), Emmanuel Nii Adom Quaye (Strika)

Un niño sin infancia

La mayoría de las personas habrán descubierto a Cary Fukunaga gracias a la serie True Detective, que realizó en su totalidad la primera temporada, otros en cambio se acordarán de él por su primera película Sin Nombre. Una película que narraba el viaje de un grupo de personas a través de la América Central hacia las puertas de Estados Unidos, como sigue ocurriendo hoy en día en la vida real. Con Beasts of No Nation, Fukunaga parece haber vuelto a esas raíces de contar una historia ficticia emotiva y a la vez dolorosa pero que bien podría ser una historia real. Puede que el personaje de Agu es fruto de la creación de Uzodinma Iweala (autor del libro Beasts of No Nation del que la película es adaptado), pero la verdad es que esa historia que seguimos durante más de dos horas bien podría ser un eco de una de las muchas guerras que sufrió el continente africano a lo largo de las últimas décadas. La historia de Agu es tan conmovedora que es imposible que deje indiferente a uno, sobre todo viendo desde dónde empieza y hasta dónde llega. Con el tiempo, Beasts of No Nation se transformará en una especie de biografía/voz para los millones de niños que han tenido que participar en una guerra que no pidieron y de la que probablemente nunca entendieron. Al principio de la película se ve a un jovial Agu, que hace tonterías con sus amigos y su hermano, un niño que va a misa y cree en Dios sin realmente saber qué representa. Y de repente su mundo se derrumbe ante él y ve como soldados que supuestamente debía protegerlo a él y su familia, asesina a su padre y hermano. Logra escapar en el medio de la selva para al final acabar a manos de unos soldados no mucho más viejos que él y acabar aliándose a su causa, con el fin de vengarse de la muerte de sus familiares. Una idea que le puso desde el principio Commandant, como si de un impulso se tratase para enrolar un soldado más.

Crítica de la película Beasts of No Nation

Solo quiero ser feliz en esta vida

Dos horas dan para mucho, y en una película con una temática como la guerra, vista a través de los ojos de un niño, no esperéis a tener un panorama de alegría. No es que no la hay, sino más bien el contrario, en varios momentos vemos como esos niños soldados sonríen mientras están jugando al pilla-pilla o al fútbol, gozando de un momento de descanso antes de volver a hacer la guerra y matar a gente que no conocen de nada pero que son considerados como malos por Commandant. Esa inocencia que acompaña a Agu y la casi totalidad de los niños es lo que deja una sensación aterradora y de tristeza profunda. Para ellos la guerra es como si fuese un juego. Fukunaga supo transcribir una historia muy sombría, a pesar de tener unos paisajes maravillosos grabados en Ghana, pero al mismo tiempo emotiva mientras acompañamos a Agu que dejará de ser un niño después de matar por primera vez y que acabará con unas secuelas imposibles de borrar que nadie desearía a un niño de su edad. Tampoco quiero desvelar demasiadas cosas de la película para no quitaros el efecto de sorpresa, sobre todo que Beasts of No Nation merece la pena que uno la vea para hacerse su propia idea, pero sobre todo para darse cuenta que lo vivido por Agu está a años luz de nuestro mundo occidental y que muchas veces ha sido ignorado por los gobernadores del primer mundo. Casi me sorprendió que incluso en la película esto fuese tan bien plasmado, ya que apenas se ve a los cascos azules de la ONU o la secuencia dónde vemos a un periodista sacando fotos a esos niños soldados. Es cierto que no deja de ser una ficción, pero no es una de esas ficciones que nos entretienen un rato y nos alejan de nuestros problemas el tiempo que dura la película, sino más bien una que deja a uno pensativo y por qué no replantearse ciertos conocimientos que tenía uno. Historia aparte, su narración pero también su ubicación (ya mencionada anteriormente) también aportan un plus, y ahí es quizás dónde se nota más la influencia de su director y que probablemente harán recordar esos planes del paisaje de Luisiana en True Detective. Si no fuera por lo que estaba viendo, me hubiese encantado perderme en esa selva ghanesa que parece ser sacada de un cuento. Tampoco me quiero olvidar de la prestación de Idris Elba, en la piel de un Commandant que no dejará indiferente. Por momentos da la sensación de ser una buena persona, comportándose como un padre para esos niños pero en otros momentos se ve la verdadera imagen de esa bestia que parece ser guiada únicamente por el poder y la sangre. El talento del británico no es algo nuevo y no me sorprendería que pueda ganarse, por fin, su primera nominación para los Oscars. En cambio, el otro gran protagonista de la película, Abraham Attah, sí que deja a uno bastante impresionado. Para una primera película, llena de emociones, el joven Attah es capaz de recrear lo que está pasando por la mente de Agu, tarea poco fácil para alguien que quizás no haya actuado nunca en su vida.

Crítica de la película Beasts of No Nation

Conclusión

Va a ser complicado que haya una película que sea mejor que Beasts of No Nation este año, y eso que aún quedan por estrenarse la próxima entrega de James Bond o la nueva trilogía de Star Wars. Estamos ante una película muy triste, y aún así merece la pena ser vista por lo buena que es, tanto gracias a su historia, por sus actores principales y por su director. Un Cary Fukunaga que nos deleita con una película casi impecable con una dirección artística de ensueño, lejos de los grandes blockbusters, con una historia estremecedora de un niño llamado Agu que nos muestra una guerra a través de sus ojos. Poco a poco nos estamos acostumbrando a que Netflix nos entregue series de gran calibre, y su incursión en el séptimo arte de la mano de Fukunaga es sin duda otro éxito más. Quedará por ver si tal revolución – la película se estrenó el mismo día en cines (siendo boicoteada por las mayores cadenas en Estados Unidos) y en la plataforma de streaming – se perfila como el futuro del cine; de momento es quizás una excepción, pero vaya excepción. Solo por esa película valdría la pena abonarse a Netflix. Y no tener que esperar demasiado tiempo para poder apreciar la próxima película de Cary Fukunaga.